Era una tarde lluviosa y el tráfico estaba pesado, pero eso no detuvo a Martín, un repartidor de comida que trabajaba a toda prisa para completar su última entrega. Miraba su GPS con frustración, notando que se había equivocado de dirección. Deteniéndose frente a un pequeño edificio, tocó la puerta por error. Al abrirse, lo recibió una mujer de cabello oscuro y ondulado, con una piel canela que contrastaba con su suave bata de seda. Creo que te has equivocado, pero si necesitas cargar tu celular, puedes pasar , dijo con una sonrisa coqueta y un acento colombiano que lo desarmó. Martín, notando que su celular estaba a punto de apagarse, aceptó la invitación, sin sospechar cómo cambiaría el rumbo de su noche. Entró al apartamento, acogedor y perfumado con un aroma floral. Mientras conectaba su celular, la mujer se presentó como Valeria y, con naturalidad, mencionó que iba a darse una ducha rápida antes de continuar la conversación. Martín, algo nervioso, intentó concentrarse en revisar