A esa secretaria no la contrataron por casualidad… la contrataron porque sabe exactamente cómo jugar con los hombres. Es viva, atrevida, y tiene esa actitud provocadora que te vuelve loco. Pero donde más se luce es con su jefe… ahí se transforma en una diabla. Siempre se queda después de hora con alguna excusa, con esa carita de ‘yo no hice nada’, pero bien sabe lo que está haciendo. Se acerca, se inclina un poquito, lo mira fijo… y lo deja sin aire.
Y obvio… no lo hace gratis. Se queda hasta tarde para que él le dé regalitos, favores, beneficios… porque ella sabe que lo tiene dominado. Y es imposible no entender por qué: tiene un lomazo infernal, una forma de moverse que te calienta sin decir una palabra… y cuando se entrega, no es solo una bomba por fuera. Es de esas que te dejan pensando en ella todo el día.
Esa secretaria no es ninguna tonta… es peligrosa. Porque no solo te provoca… te engancha.