Acababa de salir de la ducha e iba a buscar un vaso de agua cuando de repente oí que llamaban a la puerta. Fui a la entrada para ver quién era. Era una predicadora muy guapa e inocente que me preguntaba si podía hablar conmigo, pero se puso nerviosa al verme en toalla. Le dije que podía pasar, que no habría problema, y que se sentara. De repente, se me cayó la toalla.