Becky California está sola en casa, cachonda y frustrada, masturbándose intensamente con su juguete mientras gime y suplica en voz alta por un pene de verdad que la haga sentir llena de una vez. Entre gemidos y movimientos desesperados, fantasea con ser follada sin piedad… hasta que de repente la puerta se abre y aparece Jean Pallett, su deseo hecho carne. Sin mediar palabra, él la toma con rudeza, le quita el dildo y la penetra salvajemente en todas las posiciones, haciéndola gritar de placer mientras la llena por completo. De la masturbación solitaria pasa a un polvo brutal, real que termina con una corrida dentro de su boca de zorra que ella traga hasta la última gota.