La idea surgió de forma natural: crear un blog juntos para compartir experiencias, ideas y momentos cotidianos. Lo que comenzó como una actividad creativa frente a la pantalla se fue transformando poco a poco en algo más personal. Sentados uno al lado del otro, intercambiando opiniones, fotos y borradores, la cercanía empezó a sentirse diferente.
Cada comentario, cada risa y cada pausa entre palabras iba cargándose de una complicidad especial. El lugar se volvió relajado, íntimo y lleno de confianza, como si el proyecto fuera solo una excusa para pasar más tiempo juntos. La creatividad fluía, pero lo hacía la atracción, creciendo de manera espontánea y sin forzar nada.
Entre miradas cómplices y momentos compartidos, el blog dejó de ser solo un proyecto digital para convertirse en una experiencia más profunda. Todo ocurrió entre adultos responsables, con consentimiento mutuo y disfrutando del equilibrio perfecto entre lo creativo y lo personal, dejando claro que a veces las mejore