Empiezas a trabajar como empleada, y aunque la petición y requisito para este trabajo es usar un uniforme sugerente, aceptas porque al final necesitas el dinero. Sabes que te para mirando el patrón pero no te importa, con tal que te pague todo bien.
Claro eso pensabas hasta que en un momento él se decide acercarse y confesarte cuestiones de su índole personal, como problemas maritales, etc. Lo escuchas y tratas de entenderlo, pero en lo que terminas de razonar, te das cuenta que su mano se mueve peligrosamente hacia ti, y ya conoces esa jugada. Total chamba es chamba, y aceptas, pero el detalle es que no te habías dado cuenta del enorme miembro del patrón, y tu instinto de perra te nubla tu juicio y decides proceder de la única manera que sabes, con un buen oral y unos buenos sentones capaz de derrumbar a cualquier hombre, pero te encontraste con la horna de tu zapato, porque el patrón te da duro, tan duro que te reinicia la cabeza.
Realmente este trabajo me va a gustar,