Soy Andrea, 32. Con mi jefe había una tensión en cada reunión por video que ni él ni yo nombrábamos. Ese día me grabé en la silla del escritorio con la camisa abierta, la tanga roja y el wand blanco, y le mandé el video. Llegó. Le puse mi celular en la mano y desde ahí grabó él: me frotó la verga por encima de la tanga y lo frené hasta que yo quise, me la metió ahí mismo en la silla, me quité todo y me arrodillé a chupársela con las gafas puestas. Me la volvió a meter, le pedí por detrás, y terminó vaciándose en mi barriga. El lunes fingimos que no pasó. Luz de día, planos cerradísimos, todo con el celular. Lo cuento yo, con mi voz.