Nicol llegó una tarde a casa de Lisa, su hermanastra mayor. Con los ojos llenos de lágrimas y el rostro desencajado, se abrazó a ella en cuanto abrió la puerta. Lisa, una mujer mayor de aproximadamente 50 años con un corazón generoso, no dudó en recibirla. Aunque sabía que no había consultado aún con su esposo, su instinto protector la llevó a decirle que podía quedarse todo el tiempo que necesitara. Mientras acariciaba suavemente el cabello de Nicol, le prometió que estaría segura bajo su techo hasta que las heridas emocionales sanaran.
Al día siguiente, el esposo de Lisa regresó del trabajo y, al ver a Nicol, no pudo evitar preguntar por qué estaba en la casa. Lisa, con un tono firme pero amable, le explicó la situación, asegurándole que Nicol se quedaría con ellos por un tiempo. A medida que los días pasaban, el hombre notaba con mayor frecuencia la presencia de Nicol, una joven de 20 años que irradiaba una sensualidad innata. Aunque trataba de mantenerse distante, había algo en